Estas líneas son inspiradas, si así se puede decir, por el turno que tuve el domingo recién pasado en el Sótero del Río, donde nos enfrentamos a la agonía de dos niñitas, una de seis años con cáncer que empezó a agonizar a las 6 de la tarde de ese domingo, y otra niñita de 11 años con daño neurológico severo que se descompensó y hasta ahora sigue mal, con altas necesidades de oxígeno, y con manejo en sala de acuerdo con la familia, es decir, pase lo que pase no será llevada a intermedio o la UCI, por lo tanto, o remonta sola o se muere ahí.
Sé que como médico me voy a ver enfrentada a situaciones de ese tipo, de hecho, todos los días veo niños que se ponen mal y hay que trasladar a unidades de mayor complejidad para ayudarlos,pero una cosa es ver que un niño empeora pero hay posibilidades de que mejore, y otra cosa es enfrentar el hecho de que se va a morir. Es super difícil, de partida porque si escogí la pediatría es porque creo que los niños son para estar en su casa y no en un hospital, y quiero ayudar a que esto sea así, pero además porque no se está preparado para que se muera un niño. No parece natural que esto pase, aunque sé que pasa, con mayor frecuencia de la que se quisiera, y muchas veces a pesar de todos nuestros esfuerzos. Fue super complejo asumir que había llegado el momento de que la Panchita, la niñita enferma de cáncer, se muriera y dejara de sufrir, o que tal vez había llegado la hora de la otra pequeñita.
A esto se ha sumado que han habido dos casos de niños grandes, de 11 y 13 años, aparecieron con cánceres avanzados, con sobrevida corta, en el último mes, y por lo tanto, hay que decirle a dos lolos que hasta ahora eran sanos, que se van a morir pronto, y que no hay vuelta. Por lo tanto, el tema indudablemente ha estado rondando.
Todo esto me lleva a dos pensamientos: por un lado, me motiva para tratar de evitar que ocurra con otros pequeñitos, para que no se mueran antes de tiempo. Y, por otro lado, mucho más importante para mí, es el dar gracias a Dios porque el Ignacio crece sano y bien, sin problemas. Porque aunque ha tenido sus achaques, y ha estado hospitalizado dos veces en su corta vida de 1 año 3 meses, las dos veces ha sido por poco tiempo y, finalmente, no ha sido nada grave. Además, por supuesto, de pedir todos los días para que siga siendo así, para que el Nachito siga creciendo sanito, sin problemas, y no le pase nada, para que siga iluminando la vida de Andrés y la mía con su sonrisa, su alegría, sus travesuras (ahora que está más grande, de pronto se desordena) e incluso con sus mañitas.
Ojalá que sea así. Chau.
miércoles, junio 27, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
3 comentarios:
Hay, mujer... me bajaste las revoluciones con tu post. Es que la muerte de los niños es un tema re complejo, nada de light y doloroso siempre.
Tu profesión hace que te enfrentes a grandes angustias pero al mismo tiempo a alegrías indecibles; los ciclos vitales son así, de dulce y de agraz. No dejes nunca de cuestionarte y de al menos dar una oración por quienes sufren las pérdidas o se alivian de sus males.
Eres una tremenda mujer... y por Nachito y tu maravillosa familia, todos oramos siempre!!!!
Te adoro... a ver si podemos juntarnos pronto.
Tu más fiel lectora... su comadre.
TE INVITO A HACER UN ME-ME... métete a mi blog y entenderás.
Saludos.
No es presión, se te ocurre... jejeje... pero ya que me diste cuerda... acá va tu entrevista!!!!:
1. ¿Qué fue lo primero que hiciste/sentiste/pensaste (las tres cosas) cuando supiste que estabas esperando a Ignacio?
2. ¿Cuál ha sido la vergüenza más grande que has pasado en la vida (detalles, detalles!!!!)?
3. ¿Cuándo te diste cuenta que querías ser doctora?(ah, y un dos por uno... ¿Por qué pediatría, y no gastroenterología o geriatría o fisiatría?)
4. ¿Con qué película has llorado más (Y por qué)?
5. ¿Cómo y dónde crees que te recibirá Dios cuando mueras?
Besos brujita linda... espero verlos pronto.
Publicar un comentario