Esta es una pequeña historia que se me ocurrió y que quiero dejar escrita en alguna parte. Los protagonistas no tienen nombre, porque eso da lo mismo. Lo cierto es que no soy escritora, pero tengo ganas de hacerlo, como salga. Así que aquí va:
Una mujer vivía esperando al príncipe azul, porque le habían dicho que algún día iba a llegar para hacerla feliz para siempre. Así, pasaron muchos años, hasta que conoció a un hombre maravilloso, que la amaba, la cuidaba y la acompañaba. Sintió que era El Hombre, aquel que esperaba, y se enamoró de él. Empezaron a salir, a pololear, y finalmente se casaron. Con el paso del tiempo, ella se fue dando cuenta que no era ideal, que tenía defectos y virtudes, que a veces peleaban por tonteras, pero siempre se arreglaban; y que había cosas de él que le desagradaban. Sin embargo, eran felices, y pasaban más tiempo contentos que enojados. Tuvieron 2 hijos, y formaron una familia.
Un día cualquiera, tuvieron una discusión, y se dejaron llevar por la rabia. Cada uno empezó a sacar cosas más desagradables, y finalmente, ella le faltó el respeto de mala manera, a lo que él respondió con una agresión (no importa de qué tipo), en fin, se quebró algo que para ellos era fundamental, y ella lo echó de la casa. Los niños ya entendían que los papás se habían peleado, pero no podían comprender por qué el papá se tenía que ir, pero eso fue lo que ocurrió. Además, él desapareció por completo durante un mes, pues no quería ver a su mujer después de todo lo pasado. Durante ese tiempo, ambos reflexionaron y cada uno, por separado, llegó a la misma conclusión: los dos eran culpables, por dejarse llevar por la rabia, por no haber detenido la pelea a tiempo, y por el error final que cada uno había cometido. Ella se dio cuenta de que no hay príncipe azul, a lo más celeste, que él era El Hombre que amaba y que, así como para ella era difícil, casi imposible perdonar la agresión, para él también debía ser igual de difícil perdonar sus duras palabras y su falta de respeto, como en efecto lo era.Por lo demás, recordó, al igual que él, que habían optado por amarse y estar juntos, que no había sido una imposición, sino una elección. El, por su parte, cayó en cuenta de que su princesa era también una mujer que exigía respeto, y que no podía ser lo que había pasado.
Al cabo de un mes, él reapareció por su antigua casa, para alegría de sus hijos. En esa ocasión, sólo fue a ver a los niños, pero al cabo de un par de semanas habló con ella: le pidió perdón y la perdonó, y decidieron intentarlo de nuevo, con una promesa: nunca más agresiones ni faltas de respeto. De eso hace algunos años. Hoy, sus hijos han crecido y tienen otro hermanito, y ellos siguen juntos. Han sido felices, siempre respetando su promesa. Por supuesto, han habido discusiones y peleas, pero dentro de las reglas que ellos mismos fijaron, y han pasado más tiempo contentos que enojados.
Bueno, esta es la historia. Por ahora, eso es todo. Un gran saludo para todos aquellos que lean estas líneas, sobre todo para los que puedan poner su nombre en el de los protagonistas. Chau.
lunes, octubre 01, 2007
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1 comentario:
... Mas tiempo contentos que enojados... comadre querida, créame... "estamos trabajando para usted". besos!!!!!!!!!
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