sábado, enero 27, 2007

Una opinión

Lo cierto es que me queda material para un par de post más en relación a mis diarios viajes atravesando Santiago, pero lo voy a dejar para otro día, ya que quiero comentar algo que me molesta bastante: la condena al médico Galo Andrade, quien por dárselas de cirujano plástico provocó una muerte. Me parece muy mal que pueda seguir ejerciendo la medicina, así de simple. Es el colmo, ya que en este caso es claro que su impericia y desconocimiento tuvo un desenlace fatal. No soy cirujana plástica, de hecho, me carga la cirugía, pero está claro que una abdominoplastía no es una cirugía menor que se pueda raelizar en un box, sino que requiere anestesia general y un pabellón como corresponde, además del apoyo hospitalario por si surgen complicaciones, nada de lo cual cumplió este médico. Y resulta que ahora puede seguir ejerciendo sin problemas y, por lo tanto, poniendo en peligro otras vidas, a menos que haya aprendido su lección, lo que espero que haya ocurrido, para que la muerte de Jessica no sea en vano.

Ojo, tengo que aclarar que, de un tiempo a esta parte, no se acepta la posibilidad del error médico, no se permite la existencia de diagnósticos difíciles de hacer o de enfermedades que se "esconden", por decirlo de alguna manera, sino que todo es culpa del médico. Ya no es posible que un paciente evolucione rápidamente o de mala manera, sino que hubo una negligencia de parte del profesional. Por lo tanto, todos los médicos estamos expuestos a reclamos o demandas rápidas, tanto cuando tenemos la culpa como cuando no. Por supuesto, el paciente nunca tiene responsabilidad, aunque no cumpla con las indicaciones o no tome sus medicamentos, si se complica es porque el médico no lo manejó bien. Sé que suena exagerado, pero así pasa. Todo esto lleva a que se pidan más exámenes que antes, a veces para evitar demandas, aunque el médico tenga la certeza de que dicho examen va a salir normal,lo que encarece la medicina. Pero este es un caso en que claramente un médico se metió en un terreno que no dominaba, por lo que no hay por donde justificarlo. Se merece una pena mayor, y no poder volver a ejercer la medicina, pues hay vidas en juego, además de ensuciar y desprestigiar la profesión que ejerce, salpicando de paso a los que, legitimamente y luego de años de preparación, ejercen la especialidad que él pretendió realizar sin saber lo que hacía.

El que existan médicos inescrupulosos o malos profesionales perjudica a todos los que hacemos un esfuerzo por ayudar al prójimo desde la medicina, por lo que creo que las auténticas negligencias deben ser castigadas, pero se debe reconocer el esfuerzo de los que tratamos de hacerlo bien. Además, los pacientes deben hacerse responsables de su salud, siguiendo las indicaciones, estando en su derecho de buscar otra opinión si no están conformes. Y se debe aceptar que la medicina, a pesar de que cada vez es más científica, tiene algo de arte, porque no todos reaccionamos igual a los emdicamentos, no todos toleramos el dolor igual, etc, varios detallitos que pueden dificultar el llegar a un diagnóstico o complicar la evolución de una enfermedad. Por otro lado, recordar que, para bien o para mal, los médicos somos humanos, por lo que cabe la posibilidad del error, aunque se haga todo lo que se debe. Y que, aunque se hagan todos los esfuerzos, las cosas pueden salir mal.

Son algunas reflexiones a propósito de la condena a Galo Andrade. Otro día volveré con mis viajes, porque aún queda paño que cortar. Chau.

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