Empezando un nuevo año, me asombro como se dificultan las cosas sin querer. Primero, porque partí este año con un inmovilizador de tobillo en mi pierna derecha, gracias a una tendinitis que me ha tenido un poco complicada, y que me ha dejado sin trabajar, caminando lento y sin poder hacer algunas cosas. A eso se ha agregado que el Ignacio ya está más grande, por lo tanto se aburre más fácilmente y quiere solo estar de pie, por lo que exige más atención, al tiempo que hay que tratar de hacer las cosas de la casa, que salen más lento y no tan bien como uno quisiera. Claro que debo reconocer que no me importa, porque el niño está exquisito y me parece más importante estar con él que el que la casa brille.
Vuelvo a trabajar el lunes, y el Ignacio se ha puesto tremendamente regalón en estos días, así que me temo que va a ser difícil el regreso, porque me va a echar más de menos que antes. Sin embargo, eso e sparte de la vida, y aunque me de penita dejarlo, se que tiene que ser así, sobre todo porque al iniciar la beca, además voy a tener turnos de noche, así que se tiene que acostumbrar a estar un poquito más separado de mí.
A esto se debe agregar el cansancio propio de un año de cosas intensas, que disminuye la tolerancia a los detalles, que antes hacían reir y ahora provocan enojo, discusiones o pena, incluso pequeñeces que antes se dejaban pasar por no tener mayor importancia, y ahora molestan. Sin embargo, se sigue adelante.
Sé que suena melancólico o triste, tal vez, pero esto es lo que nace ahora. Creo que las cosas no son tan terribles como puede parecer, pero no siempre se puede estar bien, y ando baja. En todo caso, tengo claro que todo va a salir bien y lo que anda mal va a mejorar. Chau.
viernes, enero 12, 2007
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
No hay comentarios.:
Publicar un comentario