El martes recién pasado, mi papá sacó a pasear a su nieto al cerro, y el Ignacio fue feliz con el hecho de mirar los árboles y el paisaje. Eso motivó que pensara en cómo cambia lo que necesitamos para ser felices, ya que mi hijo es feliz con tan poco, como salir a dar una vuelta o que la mamá le haga gracias, o que el papá le tire besitos. En cambio, uno como grande necesita un sinfin de cosas, y cuando logramos lo que queremos, surgen nuevas cosas que necesitamos para sonreir, ni hablar de para ser felices.
Por otro lado, les contaré que he estado mirando autos, ya que mi fiel maruti, que me encanta y que compré justamente por necesidad cuando vivía en San José de Maipo, me quedó chico, porque la maleta es muy pequeña para las cosas que tengo que andar trayendo ahora cuando salgo con el Ignacio. Este ha sido otro ejemplo de necesidades que cambian, porque primero necesité algo que me trasladara, y ahora necesito que además tenga una maleta grande. Por supuesto, eso significa un auto más caro. ¡Y a mí que me encanta ser peatón!
Definitivamente, creo que me encantaría ser como mi hijo, feliz con poco, pero no siempre se puede. Aunque, a lo mejor, si aprendo de él me resulta, ¿no creen?. Chau.
domingo, agosto 20, 2006
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